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HISTORIA GENERAL DE SAN SALVADOR DE OÑA

 

                         Tiene este fondo el privilegio de contar entre sus pocos documentos con el manuscrito de la obra del P. Barreda "Vida de San Iñigo", biografía del Santo y, a la vez, historia del cenobio. El aragonés San Iñigo fue el segundo Abad de Oña y el artífice de una de las etapas más florecientes de la Abadía; fuera del ámbito monacal, gozó de extraordinario prestigio e influencia, siendo una de las figuras más sobresalientes de su época.

 

 

                          La creación del Monasterio de San Salvador de Oña, de la Orden de San Benito, tuvo lugar el 11 de febrero del año 1011. Fueron sus fundadores el Conde de Castilla Sancho García, llamado "El de los buenos fueros", y su esposa D.ª Urraca. La fundación estuvo acompañada de la generosa donación de más de cien iglesias y alrededor de setenta lugares, repartidos por un amplio territorio que se extendía desde la Tierra de Campos hasta Alava, pasando por Las Merindades y La Bureba. No podía ser menos puesto que el monasterio fue establecido por Sancho García para que profesara su hija Tigridia al frente de una comunidad de monjas procedente del cercano lugar de Cillaperlata. La juventud de Tigridia aconsejo dispensarla del gobierno del cenobio, que desempeño dona Oñeca, hermana del conde Sancho. Nacio Oña como monasterio dúplice; y así como las religiosas procedían de Cillaperlata, los monjes, con su abad Juan al frente, llegaron desde San Salvador de Loberuela, próximo al vecino pueblo de Tamayo. La doble dedicación duro poco; en 1032 Sancho el Mayor de Navarra, conde consorte de Castilla, expulsó a las monjas y colocó el monasterio bajo la reforma cluniacense. Con estas y otras decisiones de orden religioso (nombramiento de abad a favor de San Iñigo), y político la elección del Monasterio como lugar de enterramiento, Sancho el Mayor asentó la influencia navarra en Oña, convirtiendo el lugar en panteón real de su dinastía, hasta el punto de ser conocido como El Escorial navarro.

                             El siglo XII constituye el periodo de mayor esplendor de la abadía. Por virtud de los privilegios y donaciones que disfrutaba pasó a ser la institución de señorío eclesiástico más poderosa de toda Castilla.

                            Distinto signo tuvo en el siglo XIV, a causa de las discordias internas de los monjes, cuyas desavenencias se prolongarían en el XV entre los dos bandos surgidos como consecuencia del ingreso del monasterio en la Congregación de San Benito de Valladolid, aceptada al fin en 1506 después de enconadas disputas. De nuevo en el siglo XVI alcanzó el Monasterio años de prosperidad; sobresalió sobre todo por su pujante comunidad, abundante en miembros ilustres, y por la mejora material de sus edificios. Mantuvieron los monjes onienses influencia y prestigio en los dos siglos siguientes, que le llevaron a enfrentarse y mantener sonadas disputas con el arzobispo de Burgos, en el primer tercio del siglo XVIII.

                                Pero el sino cambió radicalmente en la primera mitad del XIX. Sucesos y más sucesos causaron graves quebrantos al convento, y su rico patrimonio artístico sufrió sensible merma por expolios y maltrato. Sin haberse repuesto de los daños recibidos durante la Guerra de la Independencia, la supresión de la comunidad por las leyes desamortizadoras de Mendizábal acabó con más de ochocientos años de historia de la Orden Benedictina en Oña. La fábrica del Monasterio todavía hubo de padecer una serie de acontecimientos que se inician con la conversión de la iglesia monasterial en parroquia en 1835; siguen con el desplome de dos capillas y la esbelta torre románica en 1837 o los graves desperfectos causados a las imágenes del claustro por las tropas allí acuarteladas; y rematan en el lamentable epílogo de la mutilación de la estatuaria ocurrido el 24 de agosto de 1850.

                                Tras un largo paréntesis, en 1881 se instaló en el Monasterio la Compañía de Jesús, estableciendo Universidad Pontifica y Colegio Máximo. Uno y otro centros funcionaron hasta 1967 (salvo un periodo de interrupción producida por la supresión de la Compañía decretada durante la Segunda República, que empalmó con la época en que se utilizó como hospital durante la Guerra Civil).

                                En ese año 1967, los Jesuítas vendieron el Monasterio a la Diputación Provincial de Burgos (la compra fue acordada en la sesión plenaria del 20 de diciembre de 1967 y la posesión del conjunto monasterial y sus instalaciones anejas tuvo lugar el 3 de enero de 1968). Desde entonces y hasta 1995 la Diputación lo ha mantenido como sanatorio psiquiátrico; en ese año lo ha reconvertido en complejo asistencial, con orientación psico-social, centro psiquiátrico, geriátrico, etc., pasando a denominarse desde entonces "Complejo Asistencial de San Salvador, de Oña".